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martes, 25 de junio de 2013

La buena crianza

 
Por Larraitz Gorrotxategi, estudiante de psicología. Del blog "Buenos Tratos", de José Luis Gonzalo
 
 
"El niño bien tratado, con un entorno apropiado y sus necesidades cubiertas  a nivel fisiológico, psicológico y emocional se beneficia en su desarrollo durante toda su vida. Aprende a  interactuar con sus semejantes, con sus progenitores, en el dominio escolar, a auto-regular sus emociones, es consciente de su identidad y se impregna ya desde el vientre materno de los estímulos que le ofrece su entorno. Estas necesidades cubiertas le ayudarán a tener un buen desarrollo y a que se pueda enfrentar a las adversidades, logrando un funcionamiento adaptado en la vida. La seguridad, la protección, los buenos tratos, la empatía, los límites con cariño y coherencia, las figuras constantes, una educación… Con todo ello el ser humano logra construir  su personalidad mediante un apego seguro.

Los buenos tratos influyen en el cerebro durante su crecimiento. Desde el vientre hasta los 18 meses son muy importantes las interacciones con el entorno ya que la red neuronal se va desarrollando al mismo tiempo que el bebé, creando el vínculo de apego y contribuyendo así a la conformación de la personalidad. Las neuronas, mediante la sinapsis, se enlazan unas con otras gracias a los estímulos gratificantes que el niño recibe, incrementándose sus  capacidades como, por ejemplo, el lenguaje, la motricidad, las emociones y motivaciones.

Desde que un niño nace depende de las capacidades que tienen sus cuidadores, del trabajo en red de las organizaciones, de los profesionales, del entorno escolar, de la vecindad, del estado… Y todo ello debe estar coordinado en favor de los buenos tratos en una misma dirección y en adecuada sintonía, priorizando el bienestar del niño y del adolescente... En los casos en los que no se ha ejercido un buen trato con los más vulnerables -que son los niños-, su desarrollo -y la visión de sí mismos- son afectados por la falta de cuidados y protección.

La protección de un niño es una prioridad del sistema social, la cual debe de atenderse poniendo todos los recursos humanos y materiales necesarios para minimizar en lo posible las repercusiones que en su desarrollo tienen los malos tratos, el abandono, el abuso y la negligencia. Los  niños y adolescentes reflejan las consecuencias de sus carencias y de sus experiencias traumáticas mediante sus conductas. Asimismo, el estado, para reparar el daño, debería proporcionar y poner al alcance del menor de edad una red de profesionales que ayuden a que éste elabore que es víctima y no culpable. Si la red es negligente, una de las consecuencias que se derivan es no evitar que los niños convivan en un entorno inadecuado. Proteger al niño es lo más importante, su derecho a  tener infancia, el derecho de tener buenos tratos. Estos niños sin infancia, aunque crezcan y cumplan años, su proceso madurativo no es el mismo que un niño que ha tenido su infancia con apego seguro. Pasarán los años y el niño se convertirá en adulto.  Un adulto que debe cumplir las normas como el resto, que tiene que adaptarse a éstas porque si no es así, el propio sistema le castiga. Desde luego que cada acción tiene sus consecuencias, siempre que sean coherentes y enseñen a reparar el daño. Es importante que el sistema coopere con el niño ayudándole a reconstruir su pasado (su identidad), dándole pautas para una buena adaptación, conducirle a una buena meta. Creo que las normas están para cumplirlas, no lo dudo, pero solo centrarse en ellas cuando al niño no se le ha enseñado que además de normas, es sujeto de derechos es una incongruencia. La negligencia de un sistema social que puede caer en contradicción: después de no proteger adecuadamente pide que el sujeto se adapte y asuma las normas sociales.

El adulto que no ha trabajado sus traumas, inconscientemente, vive sus miedos a través de los demás, y es que ya desde el vientre materno se tiene memoria corporal, de tal forma que el cuerpo nunca olvida y las sensaciones vividas desde entonces acribillan desde el lado más inconsciente. Por ello, un trauma bien trabajado ayuda a afrontar y procesar las experiencias adversas, aunque no se recuerden. Desde los 3 años ya hay memoria consciente; por lo tanto, los sucesos se registran y no se olvidan, ya que se guardan en nuestro inconsciente. El cerebro aparta aquellas situaciones traumáticas provocando reacciones conductuales, emocionales y sensoriales para encontrar una manera de adaptarse. El cerebro mantiene en un rincón esos registros y a veces aparecen en forma de pesadillas, de miedos, de rabia… Los traumas no solucionados, en suma, evocan en el cerebro un estado de alerta y conllevan conductas generadas por las emociones que se sintieron en aquel mismo instante del pasado.

El trauma es el resultado de experiencias negativas y terribles que provocan dolor, evocan sensaciones, hacen sentir vulnerabilidad, incapacidad… Es una herida abierta que se puede cerrar gracias a la resiliencia del individuo, a una asistencia psicoterapéutica, a un vínculo de apego seguro, al trabajo del mismo paciente para solucionarlo y su fuerza vital para seguir adelante llevándole a un bienestar y no a desarrollar tendencias destructivas. La felicidad se caracteriza por el poder de superación que uno tiene ante las adversidades, es un triunfo.

EL  BUEN TRATO NO ES UN GASTO SOCIAL ES UNA INVERSION PARA EL FUTURO."

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